Una salsa cremosa sin ser pesada, de esas que parecen mucho más trabajadas de lo que son. La clave está en asar la calabaza en lugar de hervirla: el horno concentra el azúcar y le da los bordes dorados que después se sienten en la salsa. Y las hojas de salvia fritas en manteca que se ponen encima al final son, sin exagerar, lo mejor del plato. Va bien con fettuccine.
Ingredientes
- Entre 450 y 900 g de calabaza (tipo anco o butternut), pelada, sin semillas y en cubos de 1 cm
- 1 cucharada de aceite de oliva
- 3 cucharadas de manteca sin sal
- 8 hojas grandes de salvia
- ⅓ taza de chalotas picadas
- 1 taza de caldo de pollo bajo en sodio
- ¼ taza de queso parmesano finamente rallado
- ¼ taza de crema de leche
- Sal y pimienta negra recién molida
- Pasta larga tipo fettuccine, 400 g
Preparación
- Precalentá el horno a 220 °C. Poné la calabaza en un bol grande y mezclala con el aceite de oliva hasta que esté bien cubierta. Pasala a una placa con borde, en una sola capa, y horneá hasta que se dore por los bordes, unos 30 minutos, revolviendo a mitad de cocción. Retirá y reservá.
- Derretí la manteca en una cacerola mediana. Cuando baje la espuma, sumá las hojas de salvia y cocinalas hasta que estén crujientes y apenas doradas. Pasalas a un plato con papel absorbente.
- Sumá las chalotas a la misma cacerola y salteá hasta que se ablanden, unos 5 minutos. Agregá el caldo de pollo y la calabaza, llevá a ebullición, bajá el fuego, tapá y cociná hasta que la calabaza esté completamente tierna, unos 10 minutos.
- Con una licuadora de mano, o pasando todo a la licuadora de vaso, hacé un puré completamente liso.
- Incorporá el parmesano y la crema, y cociná hasta que esté bien caliente, unos 2 minutos. Sazoná con sal y pimienta a gusto.
- Herví la pasta en abundante agua con sal hasta que esté al dente y mezclala con la salsa, aflojando con un poco del agua de cocción si hace falta. Desmenuzá la salvia reservada por encima o usala entera como decoración. Consumir inmediatamente.
Notas
Si no conseguís chalotas, media cebolla y un poquito de ajo hacen el trabajo. No es idéntico, pero está muy lejos de arruinar el plato.