No hay atajo posible acá: los veinte minutos de caramelizado de la cebolla son la receta entera. Es una sopa hecha de casi nada —cebolla, caldo, pan viejo y queso— que sale gloriosa solamente por el tiempo que se le dedica. Ponete música, servite una copa del vino que después va a la olla, y revolvé sin apuro.
Ingredientes
- 4 cebollas blancas grandes, cortadas en rodajas finas
- 4 cucharadas de manteca
- 2 cucharadas de aceite de oliva
- 2 cucharaditas de azúcar
- 2 cucharadas de harina 000
- 1 taza de vino blanco seco
- 6 tazas de caldo de carne
- 1 ramita de tomillo y 1 hoja de laurel
- 1 baguette o pan francés, en rodajas gruesas
- 2 tazas de queso gruyere rallado
- Sal y pimienta a gusto
Preparación
- En una cacerola grande, derretí la manteca con el aceite de oliva a fuego medio-alto. Sumá las cebollas y el azúcar y salteá entre 15 y 20 minutos, hasta que estén caramelizadas y doradas.
- Añadí la harina y mezclá bien. Cociná unos minutos revolviendo constantemente.
- Agregá el vino blanco y dejá que reduzca unos minutos.
- Sumá el caldo de carne, el tomillo y el laurel. Llevá a ebullición y bajá el fuego a medio-bajo. Cociná entre 30 y 40 minutos, hasta que los sabores se hayan integrado.
- Mientras tanto, precalentá el horno a 200 °C y tostá las rodajas de pan hasta que estén doradas y crujientes.
- Retirá el tomillo y el laurel, y sazoná con sal y pimienta a gusto.
- Serví la sopa caliente en cazuelas resistentes al calor. Poné una rebanada de pan tostado en cada una y cubrí con el gruyere rallado.
- Llevá al horno a 200 °C unos minutos, hasta que el queso se derrita y quede dorado y burbujeante. Servir caliente.
Notas
Bajá el fuego apenas veas que la cebolla toma color muy rápido. Caramelizar es distinto de dorar: buscás que se concentre el azúcar de la cebolla, no que se tueste.
El pan tiene que estar bien tostado y algo duro. Si está tierno, se hunde y se deshace en la sopa antes de llegar a la mesa.